Archivo para Parque Central de Guanajay

Mercedes Eloísa Rodríguez Lorenzo: La ola neorromántica y la contradicción revolucionaria cubana de 1959, vivida y experimentada por una mujer, que hoy nos trae su cálida espuma de poeta esencial…

Posted in AVATARSERES with tags , , , , , , , , , , , on 5 febrero 2020 by josancaballero

Por JOSAN CABALLERO.

Por mi amiga Mercedes Eloísa, poeta de 81 años, que deambula en Miami, con sus sueños y poemas…

Debo confesarles, que me ha ido embelesando una mujer mayor, cuya amistad con ella comenzó, sorbiéndole día a día su café, pero, poco a poco, fuimos descubriéndonos y amándonos, cordialmente, desde que le escribí el poema apócrifo, titulado “UNA AMIGA ESPECIAL, CUYA ALMA ES CUAL UN SORBO DE CAFÉ”, y lo publiqué en mi blog de marras, debido a lo cual empezamos a confluir, en un sitio de encuentro, bastante conocido, la cafetería o el bar del Magic Jailai City, junto con un grupo selecto de otros amigos, que ya se han vuelto inseparables, y de quienes les comentaré en otra velada de mis posts.

Les presento a Mercedes Eloísa Rodríguez Lorenzo, nacida el 15 de mayo de 1939. Por ella, he conocido muchas cosas de mi país natal, Cuba, incluso, de su pueblo, Guanajay, en que nació y vivió, hasta 1966, en que se exilia, dentro de los Estados Unidos, como tantos otros cubanos, que visualizaron, con antelación, las intenciones de un régimen, que se vestía de oveja, para luego transformarse en el lobo, que era verdaderamente, fue y ha sido, desde sus inicios hasta sus postrimerías, mientras yo, que,  tenía tan sólo siete años, nada sospechaba de aquello, pero, desde los cinco, ya andaba declamando e inventando mis precoces poemas, en el Palacio de Pioneros “Paquito Rosales”, de El Laguito, en la todavía lujosa Miramar, donde mi padre Ñico, se desempeñaba, como un alto dirigente de la institución. Y yo, por supuesto, era entonces el Ñiquito, destacada mascota cultural, que, por sus diversos talentos y avispada niñez, ganaba las simpatías y regocijos del lugar.

Entonces, aunque llegué a conocer y frecuentar, mucho después, con doce años, el hermoso pueblo de Guanajay, no sabía, que, geográficamente, había sido “una de las primeras poblaciones del occidente cubano, fundado en 1650, y llegó a ser una de las villas más prosperas de la región de Vueltabajo”,1 junto al hecho de que, “en 1879, al fundarse la provincia de Pinar del Río, era el núcleo urbano de mayor importancia económica y poblacional”. Menos aún, que, luego del cambio castrista, Guanajay fue convertida, en ciudad y municipio de la Provincia de Artemisa, ubicado al centro de esta provincia”,2 pero ya no formando parte de Pinar del Río, razón por la cual resultó un gran motivo de descontento, para los antiguos pobladores, que, como mi amiga Mercedes Eloísa, la musa y poeta de mi cuento, se sienten ofendidos y desplazados por este cambio repentino, sin razón de ser, quienes se reunían los domingos, para orar y disfrutar de sus familias, durante las festividades religiosas y patronales, en la Parroquia “San Hilarión”.

Años antes de que llegaran los Castro a La Habana, y por supuesto, a Guanajay, Luis, el padre de Cheíta, como le decían a Mercedes cariñosamente, había construido, con gran esfuerzo y amoroso tesón, una inmensa mansión, a la que se fueron a vivir todos, incluso el adorado amigo de la casa, el negrito Tuto, que les hacía los mandados a la familia, como se dice en Cuba, a quien el dueño le diseñó su propio cuarto, para que viviera, junto con ellos, en la lujosa residencia.

Pero, si a ello agregamos el hecho alevoso de que, al abandonar el país, su hermosa e inmensa casa natal de Mercedes Eloísa, en donde transcurrieron sus primeros veinticinco años de plena felicidad, y en cuyos cuartos había retozado, hasta concebir sus iniciales poemas neorrománticos, aquellos que dieron expresión y fluidez a su mente y corazón, resultó expropiada, por miembros de esa Revolución, entonces triunfante, quienes la convirtieron, en la Casa del Partido Comunista de Guanajay, anegando aquellas alegrías y recuerdos, en una profunda desolación, al punto de hacer que esos textos líricos, ya creados por Mercedes entre 1960 y 1965, respectivamente, fueran invadidos, igualmente, por el olvido y la desilusión.

En ese tiempo, en que yo, inocente, deambulaba, cual un Harry Potter, por los pasillos, corredores, talleres y bibliotecas suntuosas del Palacio de Pioneros, nuestra amiga Cheíta ya había conocido a Diego Lorenzo González, un muchacho de Santa Clara, que frecuentaba bastante el Parque Central de Guanajay, y en uno de esos paseos matinales o de atardecer se juraron mutuo amor, y se hicieron novios, a los quince o dieciséis de Mercedes, pero, como cuando triunfó la Revolución, a él enseguida lo encarcelaron, por no estar de acuerdo con el gobierno castrista, pues se convirtió en un preso político, y Mercedes tuvo que casarse con él, por poder, en 1964, para luego salir del país, y emigrar, durante 1966.

Como la vida entre los seres humanos se convoca de diversas maneras, y muchos nacen, hasta crecen, y se amplían o cambian sus espacios paralelamente; otros deambulan simultáneos; incluso, subsisten y coexisten, aún sin conocerse y confluir: Esta es una de las interesantes hipótesis de Fernando G. Campoamor, que ahora no viene al caso, mas podría ser retomada en cualquier momento, para ilustrar el encuentro generacional y amistoso, entre Mercedes y yo. Pero un día de sus vidas coinciden y se enrolan, para no despegarse más, y esas almas, que se juntan, familiares, amistosas y/o amorosas, ahí mismo es cuando empiezan a reconocerse, imbricarse y confabularse, entregando sus recuerdos y memorias, como la mejor de las entregas y regalos, desde y para la humanidad, como lo hicimos, hace más de un año, Cheíta y yo.

Dos anécdotas fundamentales me restan en esta noble y rica historia de mi amiga Mercedes, que ilustran su maravillosa personalidad y sencillez. Ambas tienen que ver con Tuto, el amigo negro de su niñez. La primera, como ya parte de la familia había logrado emigrar a los Estados Unidos, sólo faltaban Mercedes, sus padres y, por supuesto, Tuto, quien escuchaba a menudo hablar por teléfono a Cheíta, con su abuela, que era la que realizaba todos los trámites, para que se pudieran embarcar o volar a Miami, Estados Unidos. Cada vez que esta conversación ocurría, allá se escuchaba, según Mercedes, al Tuto decir: “Tú verás, que ya el Negrito se queda…Tú vas a ver que el Tuto se queda”. Sin embargo, en una de esas últimas oportunidades, Cheíta le cuenta a su abuela, y aquella le dice, que ponga a Tuto al teléfono, para a continuación comentarle ella misma: “No te preocupes, Tuto, que si tú no sales delante, nadie vuela, mi negro”.

La segunda historia increíble gira alrededor de un gran cuadro del Sagrado Corazón de Jesús, que la familia de Mercedes tenía colocado en la sala de la mansión. Cuando ya están prestos a irse de allí, Cheíta mira al entrañable retrato, y le dice a Tuto, que lo desarme y se lo entregue. Este cumple su petición, y luego de hacerlo, lo vuelve un rollo y lo pone en las manos de Mercedes, quien a partir de entonces no se despega de él, ni un instante, mientras Tuto, que entonces viaja sentado, al lado de ella, ya en el avión, hacia los Estados Unidos, mientras los padres escuchan detrás, le comenta, preocupado a su amiga, casi hermana, con miedo a que le descubran el rollo que lleva escondido junto a ella: “Cheíta, tú crees que él llegue adónde vamos?” A lo que Mercedes le responde, sin ton, ni son: “Ese es el primer milagro que llega, porque llega”. Y así ocurrió con el rollo, el cual, nuevamente, al llegar a Miami, se convirtió en retrato y en sucesivas fotos del mismo santo, pues jamás se ha despegado Mercedes de su milagroso Sagrado Corazón. Y ahora lo regala a allegados amigos, para complacencia y resguardo de su amable corazón.

He ahí lo que ha ocurrido, permanentemente, con esta gran mujer, mi actual e inseparable amiga, Mercedes Eloísa Rodríguez Lorenzo, quien, de la noche a la mañana, se encontró sin nada, viajando con su “Sagrado Corazón de Jesús” a cuestas, cuya imagen llevaba consigo, en una foto, sagrada y diminuta, y el día que nos conocimos, luego de una breve taza de café, me la entregó, y ahora la porto yo, como el gran regalo amistoso, entrañable y espiritual que es, para los dos.

Es que todos regresamos de algún modo a nuestros orígenes, y nos encontramos por una razón, para volver a ser, pues realmente pertenecemos siempre a esos lugares de promisión, y hasta nuestro espíritu permanece ahí, para siempre. El alma no es un espejismo, y es tan grande y amplia, que circunda al ser humano, sale y regresa, por todos los sitios que vivió y cohabitó.

Por eso, ahora les presento los poemas, que Mercedes Eloísa Rodríguez Lorenzo unos días o unos años de su vida escribió. Podrán ser neorrománticos, a lo José Angel Buesa, o con ciertas frases manidas y reencontradas ya, en el romántico ibérico Gustavo Adolfo Bécquer, incluso bifurcándose, desde otro corazón, pero esas aguas de mar turbulento trajeron a esta ola prístina, inmensa, tierna y amorosamente húmeda, sosegada, que hoy deja su espuma cálida entre nosotros, diciéndonos, que allí estuvo, y aquí vivió, en su eterno y enigmático corazón.

Bienvenida, poetisa Mercedes Eloísa Rodríguez Lorenzo, en el umbral de la poesía cubana contemporánea, con los enigmas del valor histórico-genético de cualquier obra literaria, y al agua cristalina, amistosa, creactiva y efervescente de este JosanCaballero’s Blog…

Notas al pie

1,2 https://es.wikipedia.org/wiki/Guanajay

Los Poemas de

Mercedes Eloísa Rodríguez Lorenzo

AMOR Y OLVIDO

Me dejaste una tarde, sin pensar en volver,

Solo, por el pecado, de entregarte mi ser.

 

No te importó partir, y me quedé muy sola,

como queda la arena, cuando pasa la ola.

 

Te contemplé de lejos, tras abrir la ventana,

y pensé en el ayer, el hoy, y en el mañana.

 

Creo que no supiste, ni comprender siquiera,

que mi amor fue tan grande, como la primavera.

 

Mi pecado es más dulce, porque yo sí te amé,

y hoy, al saberte lejos, sé que te olvidaré.

 

Quiero sepas, que hoy, la arena está muy sola,

pero yo sé que, pronto, la mojará otra ola.

AMOR VERDADERO

Amor que te alejaste, porque lo quiso Dios,

no creas, que tu partida significa un adios.

 

Muchas veces la vida se nos amarga un día,

pero cuando regreses, habrá más alegría.

 

Entonces, las tristezas se echarán al olvido,

y así recordaremos aquello tan querido.

 

Hay amores, que nacen y mueren enseguida:

En el nuestro, hoy y siempre, la llama está encendida.

 

Yo tengo la esperanza, como tú has de tener,

de estar juntos de nuevo, y volver a nacer.

 

Y después que este sueño se haga realidad,

Seremos muy felices, hasta la eternidad.

SIN PALABRAS

Dices, que no te quiero, sin comprender mi amor,

que nació, como nace, del rosal una flor.

 

Mi amor es tan ardiente, tan fiel y verdadero,

que aunque no te lo diga, tú sabes que te quiero.

 

Porque el árbol no habla, y se siente feliz,

cuando nota, que el agua remoja su raíz.

 

La estrella es más dichosa, si la noche es obscura,

Porque sabe que así reluce su hermosura.

 

Fue aquella tarde gris, que comenzó a llover,

mientras yo, entre tus brazos, me dejaba querer.

 

Así te demostré, que sin tener que hablar,

se puede querer mucho, cuando se sabe amar.

 

Por eso, mi jardín florece cada día,

y mi vida sonríe replete de alegría.

 

Sin tus besos, no sabe latir mi corazón,

porque tú eres mi cielo, mi sol y mi pasión.

VOLVERAS

Volverás, como el ave, que retorna a su nido,

Cual un niño perdido, que regresa a su hogar:

Volverás en silencio, como un desconocido,

con tu alegre sonrisa y tu suave mirar.

 

Volverás como algo, que casi no se espera,

cual el sueño, que un día se vuelve realidad:

Volverás no sé cuándo, quizás en primavera,

después de larga espera, por la felicidad.

 

Volverás para siempre, sin otra despedida,

seguro, pues, de mí, jamás te alejarás.

Volverás, y, de nuevo, renacerá la vida.

Volverás…, yo te espero, porque sé que vendrás.

POEMA DE LA ESPERA

La noche está tan bella, que me parece verte,

entre las nubes grises, que corren sin piedad,

pero es un espejismo, que permanece inerte,

formando tu figura, entre la obscuridad.

 

Son tantos los recuerdos, que vienen a mi mente,

cuando te siento cerca, sin poderte tocar,

que todo lo cambiara, por no sentirte ausente,

con tenerte en mis brazos, y poderte besar.

 

Sólo Dios, que me observa, comprende lo que ansía

mi alma desolada, que sólo sabe amar,

esperando, en silencio, un día…y otro día,

al hombre, que una noche me llevará al altar.

QUE IMPORTA!

Qué importa que la vida nos trate tan cruelmente,

si tal vez, otro día, nos trate diferente.

Qué importa, sí, qué importa, que todo ocurra así,

si sabes, que mi alma te pertenece a ti.

 

Nos quisimos ayer, y mañana aún más,

y yo sé que me amaste, y siempre me amarás.

El destino, algún día, nos pondrá frente a frente,

y nos veremos solos, aunque pase la gente.

 

Me besarás con ansias, me abrazarás también,

y así recordaremos, de nuevo, nuestro “Edén”.

Por eso, nada importa, si tú fuiste el primero,

en tenerme, en tus brazos, y decirme: “Te quiero”.

 

Qué importa, si mañana no estaremos distantes,

y seremos dichosos y felices amantes:

Me abrazarás muy fuerte, te entregaré mi ser,

y nos parecerá, que no existió el ayer.

SOLEDAD

En esta soledad, que llevo, muy profundo,

como el alma, que vaga, sin comprender el mundo…

En esta soledad, que tan adentro siento,

como la hoja seca, que se la lleva el viento…

 

Pero mi vida, a veces, se llena de alegría,

y al pensar, que estoy sola, siento melancolía:

Una melancolía difícil de olvidar,

y que, quizás el tiempo, se la pueda llevar.

 

“Por qué me siento sola?”, a veces me pregunto,

y mi alma responde, con su dolor profundo:

“SOLO EL REGRESO PLENO DE MIS QUERIDOS SERES,

HARA, QUE EN MI JARDIN, RETORNEN LOS LAURELES”.

José Antonio Gutiérrez Caballero

Miami, 4-5 de enero del 2020.